“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.”

El principito (Antoine de Saint-Exupéry)

 

Mi padre siempre me decía que para poder triunfar en esta vida había que ponerle pasión a las tareas que desempeñabas. Decía que con la pasión llegabas a donde no llegaba la formación, las formas e incluso la lógica.

Quizás por esto me he decidido a crear este blog, donde recoger anécdotas y pensamientos que me gustaría compartir con vosotros, compartir mis pensamientos e impresiones sobre los nuevos escenarios del mundo de la publicidad y el marketing, con la esperanza de crear un foro de debate (en el que sin duda lo más apasionante sería vuestra participación).

Mi padre también me decía que si quieres conectar con alguien y despertar su interés el humor es sin duda la mejor manera. Por este motivo yo voy a intentar utilizar la misma estrategia y ganarme vuestra atención mediante el link más gracioso que he visto en muchísimo tiempo

http://www.youtube.com/watch?v=acEnX6K8TM8

Durante el verano de hace cuatro años, cinco amigos de Madrid se fueron a pasar unos días al piso de la playa de la familia de uno de ellos en Levante. Una mañana, al volver de marcha, uno de los amigos grabó a otro de ellos contando, con varias copas de más y ante las risas del resto del grupo, que una chica le había dado calabazas. Hace meses, colgaron el vídeo en YouTube como una forma de compartir el documento, francamente gracioso, con sus amigos. Pesaba demasiados megas para mandarlo por correo electrónico y subirlo al portal de vídeos parecía la forma más sencilla de hacerlo. El boca a boca y el poder de Internet hicieron el resto. Carlos, el protagonista de aquel vídeo, supo que la cosa se le había ido de las manos cuando empezaron a reconocerle por la calle. Hoy el vídeo Contigo no, bicho tiene 2,8 millones de visitas en YouTube (y siguen subiendo), además de varios grupos de fans en varias redes sociales. La repercusión de Carlos traspasó las fronteras de internet para colarse en la programación y parrilla de la tele, la radio y las conversaciones de los jóvenes. Nunca unas calabazas fueron tan conocidas, nunca un mensaje llegó tan lejos sin proponérselo.

 

Sin lugar a dudas encontrarte este tipo de mensajes en un mundo saturado de información no deja de ser sorprendente. Un interlocutor, hablándote en un lenguaje cercano de una situación que todos hemos vivido. La empatía se convierte en un deber con estos condicionantes.

Miles de profesionales se esfuerzan hoy en día para que nos lleguen mensajes al móvil , al buzón , al correo electrónico, … y curiosamente muchos de esos mensajes creados por los profesionales de la materia no terminan de impactar en el espectador. Sin embargos el mensaje de CARLOS corrió como la pólvora.

Los publicistas y marketinianos del planeta se devanan los sesos para conseguir anuncios que conecten con el espectador . Anuncios que traspasen lo comercial y lleguen a lo emocional, exprimiendo al máximo los canales tradicionales, y convirtiendo su labor en una misión cuasi-imposible, en la que no sólo se enfrentan al reto de conectar con el espectador sino que además han de luchar con miles de barreras de comunicación.

La saturación de información nos hace filtrar ante la multitud de inputs que recibimos y el cerebro humano se predispone a hacerlo según los propios marcos de referencia. Cuando nos sentamos a ver la tele, a leer un periódico o a visitar un site asumimos que un porcentaje de la información nos será inútil, así pues nuestro umbral de atención a estímulos externos está mucho más alto , máxime si los mensajes no se relacionan con las motivaciones que nos han hecho sentarnos ante el canal de información y estamos mucho más recelosos, más alerta, menos predispuestos a rendirnos a la seducción de los mensajes.

Pero en el caso de CARLOS el lenguaje, el lugar y la situación del mensaje son sin duda familiares para todos aquellos que estemos en la horquilla de edad de nuestro querido personaje. Así pues hace que la empatía se potencie y que no solo reenviemos el mensaje sino que añadamos de nuestra cosecha propia alguna frase vinculando el mismo directamente a algún recuerdo común con la persona que lo va a recibir. Así pues el mensaje pasa de ser un link a ser una emoción, pasa de ser un mensaje vacío a estar ligado a un prescriptor que para bien o para mal ya nos genera una serie de emociones (con independencia de sus índoles positivas y/o negativas).

A través de miles de prescriptores anónimos para CARLOS pero muy cercanos para los receptores del mensaje éste se replica no sólo en el canal de comunicación que se utilice (en este caso la web), sino en entorno grupal, por móvil, por sms,…traspasando así las barreras del formato, no se reduce a un vídeo en una pantalla, es partícipe de las conversaciones y vivencias del usuario. Pasa a convertirse en su lenguaje, en sus memorias , en sus vivencias,…

El reto para los que nos dedicamos a ésto pasa por conseguir confeccionar un mensaje de este tipo, saber cómo explotarlo, conocer cómo llegar de manera poco agresiva y utilizar los canales para realizar una acción de marketing con garantías de éxito. Y para conseguir esto no nos podemos quedar en una estrategia de marketing basada en “tengo un producto, ¿a quién se lo vendo para cubrir sus necesidades?” debemos empezar a pensar en términos de “tengo un cliente ¿cómo puedo ayudarle a cumplir sus aspiraciones?”.

 Los escenarios y los protagonistas están cambiando, existen en la actualidad varios colectivos que renuncian a los canales tradicionales, por ejemplo los jóvenes, grupo social al que tomaremos de ejemplo para exponer la teoría.

Ell@s ya no ven la televisión como el grueso de la población en la mayoría de los casos recurren a páginas web donde descargarse sus series favoritas, pasan del PRIME-TIME (impuesto por parrillas de televisión estancas) al MY-TIME (confeccionado en función de las necesidades y apetencias de un consumidor cada vez más exigentes e impaciente ante la pantalla).Este fenómeno se incrementara y traspasará a otros grupos poblacionales con la llegada de la TDT y las plataformas de televisión de pago.

Ell@s ya no son consumidores de productos editoriales en los formatos tradicionales, las revistas y periódicos dejan paso a las páginas web. La información mensual, quincenal diaria, muere a favor de la información on-line y en directo.

Ell@s prefieren tener su fuente de información en el blog de moda que le habla directamente de sus problemas y en su lenguaje, o en la red social en la que han colgado un alter-ego en forma de perfil.

Viven la vida desde el prisma de su alter ego, se mueven en un mundo virtual donde los valores, la imagen e incluso la realidad se modela en función de unos valores grupales que están por encima del individuo, nos dirigimos irrevocablemente hacia la dictadura de la personalidad sometida al grupo. El usuario que sube una foto, un comentario, un mensaje a la red lo analiza y lo filtra en función de la imagen que quiera dar de sí mismo. Se pierde espontaneidad en los mensajes pero se gana conciencia de comunicación en los mismos. Cada usuario se convierte en un experto comunicador y en gestor único de su marca personal. Cada mensaje tiene una razón ,un motivo y un objetivo.

Ell@s no tienen que cubrir sus necesidades ellos tienen que alcanzar sus aspiraciones.

El silogismo por lo tanto parece lógico: si los protagonistas cambian los formatos de los mensajes también deben cambiar. Las estrategias cambian. El marketing cambia y ahí está el reto. En plena era de los esclavos del ROI, de la medición, de la cobertura, en plena dictadura de la racionalidad y la medición, los colectivos emergentes nos hablan de emocionalidad, de jergas, de espontaneidad, al tiempo que no renuncia a una cultura propia y prolongada en el tiempo.

Así pues los departamentos de marketing deben afrontar su día a día con dos estrategias claramente diferenciadas las dirigidas a cubrir los objetivos semanales, mensuales, trimestrales,… (tan necesarios para confirmar que estamos en ruta correcta) y una segunda que se convierta más en una carrera de fondo, una que consiga posicionar la marca como una emoción, una estrategia que de respuesta a la problemática actual “tengo un cliente ¿cómo puedo ayudarle a cumplir sus aspiraciones?”.

Esperemos que esta bicefalia no termine por matarnos, y nuestra profesión ni se coinvierta en una sub-función administrativa totalmente sometida a la psicosis de los ratios de ventas y rentabilidad, ni sea una especie de arte post-moderno con el único fin de emocionar sin más.

Y para ello curiosamente nuestro objetivo será nuestro mejor aliado. En el conocimiento de nuestro cliente está la clave de todo, si lo conocemos sabremos sorprenderle, fidelizarle, emocionarle, motivarle,…

Los tiempos están cambiando y ahí está la aventura.

Quizás debamos empezar a pensar en nuestro cliente en otros términos .

“A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle.”

Fin de la conexión, seguimos en contacto,…

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